La seducción o conquista nace y coexiste con el hombre para obtener propósitos específicos. Aquí el enfoque se dirige hacia una posible relación amorosa entre dos individuos (dos cuerpos, dos espíritus) que son independientes uno del otro, pero que se conectan gracias a la atracción; a partir de ello, inicia la conquista que varía entre varón y mujer. Acto considerado un arte, una destreza y una habilidad que en forma distintiva se resalta en la praxis humana. ¿Crees qué seduces adecuadamente para conseguir una futura pareja, temporal o duradera?
La biología mantiene una relación en la psicología de la seducción; consigue “que una persona se sienta sexualmente atraída por otra” (RODRÍGUEZ, El Arte de la Seducción), pues las hormonas femeninas y masculinas, actúan aceleradamente desde el cerebro hacia los órganos sexuales y viceversa.
Por causas culturales, sociales y psicológicas podemos identificar tres tipos de seductores: universal, difícil y víctima; aclaro que estos rangos definen características, mas no clasifican entre uno y otro como el mejor o el peor, eso ya depende de las circunstancias y de la habilidad de el/la seductor/ra. El primero, “siente una especial predilección por conseguir al ser a quien desea, sin que le importe demasiado lo que pueda ocurrir luego” (RODRÍGUEZ, El Arte de la Seducción); comúnmente lo llamamos, “don Juan”, “rompe corazones”, “perro”, “mujeriego”. El segundo, en cambio no tiene propuestas concretas ni se muestra apasionado, trata de eludir el miedo a ser rechazado; por tanto, posee un comportamiento ambiguo con límite de tiempo, caso contrario, la jugada fracasa. El último, como su nombre lo indica se presentan como seres necesitados de protección, cobijo y refugio; generalmente, la mujer opta por este partido y su discurso se centra en temas trágicos.
Según estudios, la definición que una persona percibe de la otra dependerá de los primeros cinco minutos; de ahí lo fundamental en marcar una buena impresión. En estos cruciales instantes intervienen el factor social (actitud, vestimenta, higiene y educación) y físico (apariencia, forma de caminar, modales y posturas); estos gestos hablan de nosotros, de lo que somos como personas, de nuestro nivel cultural e incluso, en muchas ocasiones, de nuestra disponibilidad a la hora de entrar en el juego de la seducción. La sencillez, la sonrisa, el impacto visual, la forma de hablar y la imagen personal constituyen los cinco pilares de la seducción que toda persona debe emplear para tener éxito en una conquista.
Héctor Alonso Rodríguez, en su libro “El Arte de la Seducción”, nos plantea treinta reglas para seducir. Conviene no hablar de uno mismo, y si hace falta que sea con moderación y desplegando el sentido del humor; cuidar los espacios muertos, como forma de escape no recurrir al alcohol. Mantener absoluta auto confianza, equilibrio y control. Hacer propuestas, cuidadosamente, medidas y atemperadas. Ocultar el juego, no se puede pecar de directo ni de sincero. Ampliar el misterio, suspenso y la tensión. Generar la sensación de ser indispensable; por tanto: romper el ritmo (interés-desinterés) y hasta amagar una retirada. Mostrarse paciente, constante y no colocar objetivos al mismo nivel. Atreverse, mostrarse amante y bandido, encontrar su punto débil y proporcionarle una sorpresa. Ser realista, no perder el tiempo, cuando es notorio que no funciona la conquista. Ya en pareja además de lo antes mencionado, tratar de ser humilde, medir el romanticismo, jugar con los celos sin llegar al descaro del engaño (si se lo hace, negarlo). Cuando no se marcha bien, anticiparse a la ruptura.
En el extraordinario mundo del arte de la seducción existe un proceso complejo para conseguir a la presa. Inicialmente, interviene el aspecto biológico. Luego, fluye un acercamiento que se da gracias a algunos gestos inconcientes como arquear las cejas, humedecer los labios o abrir los ojos más de lo normal. Consecutivamente, empieza la acción conciente; el/ella considerará ciertas reglas, que para algunos parecieren irrelevantes o lógicas, pero que muchas veces por obviar una de las advertencias se falla. Si antes no lo sabíamos, desde ahora, estemos alerta, reflexionemos y empleemos las pautas mencionadas.